B08 - I - Elecciones 2015. Un punto de vista social sobre el uso y el valor del voto.



Elecciones. Un punto de vista social sobre el valor del voto.

VOTO o ABSTENCION


Ante unas elecciones solo hay dos posturas: o voto o me abstengo (residualmente tenemos también los que se oponen directamente a las elecciones)


Entre los que se abstienen hay diferencias de criterio acerca de sus motivos. Están los que se desinteresan por completo del hecho y los que lo usan como un modo de protesta contra lo absurdo de tener que votar a grupos, o personas, o propuestas con las que no se sienten suficientemente identificados, por rechazo ideológico, personal o moral. Algunos se sienten satisfechos simplemente con no votar pero otros aspiran a obtener un resultado de esa abstención mediante el ‘Voto en blanco’. 


En España ya ha habido intentos, por parte de grupos independientes de que se reconozca como valido el ‘Voto en Blanco’, sería una forma de representación parlamentaria, con diputados virtuales en función de esos votos (por tanto con peso en las decisiones del congreso de diputados) en las que se tiene en cuenta que estos ‘votantes’ el grupo de ‘no estoy de acuerdo con lo que nos proponen’ tengan participación democrática `puesto que han hecho uso de su derecho al voto y no se han quedado ‘pasivamente’ fuera de las elecciones. En países como Colombia se contabilizan al menos en la primera vuelta de unas elecciones. En España, dado que ningún grupo político apoya significativamente esta opción, no es posible hacerlo por ahora.


Dejando, educadamente, a un lado estas posibilidades (abstención pasiva, y voto en blanco) nos centramos en el clásico voto a un grupo determinado.


POR QUÉ VOTAMOS?


Y lo llamo clásico porque la base es conocida: apoyamos a aquel partido con el que más nos identificamos. Lo apoyamos para que el grupo obtenga poder y, eventualmente, que consiga Gobernar. La mayoría de los que hacen esto consideran que ellos, los que han votado a determinado partido vencedor, son los que han ganado las elecciones y se sienten satisfechos por una doble razón: ha triunfado un modo propio de entender la vida y, de una forma mucho más ludópata, porque hemos acertado en las apuestas, nuestro grupo es el vencedor. Nos sentimos más cercanos a los fans de un equipo deportivo que corresponsables de la acción de gobierno.


Esta forma de pensar y actuar es considerada como una forma responsable de vivir la democracia. Nos decimos: creo en una forma de vida y doy mi apoyo a los que representan (nosotros creemos que representan) esa forma de vida o que en su discurso describen, favorablemente, esa imagen de vida. Al final los que actúan así creen que la gestión de la Sociedad, mejor o peor, está salvaguardado. Y es un pensamiento consolador, no cabe duda, puesto que lo que hemos hecho nada tiene que ver con lo que esperamos, nuestra acción tan solo se limita a apoyar un Partido. Hemos cedido nuestra parte proporcional de poder a otro que gestionará la sociedad en nuestro nombre. Bien. ¿Todo bien? La frase anterior es una declaración de buena voluntad y la palabra gestionar es enmendada y transformada en dirigir, y esto no es lo mismo.


A QUIEN HEMOS VOTADO?


                En teoría a un partido, en la práctica a los que controlan el partido. En casi todos los casos, y en la práctica se comprueba, hemos dado el poder (no todo, pero si lo suficiente como para ‘pagar’ su apoyo) a banqueros, financieros y financiadores, grupos industriales y a algún que otro experimentador social. La mejor demostración de esto es la propia realidad: ningún programa político se ejecuta tal como es prometido, sufre recortes de alcance y de presupuesto, o determinados puntos ni aparecen. Por el contrario se crean leyes, decretos, políticas que favorecen enormemente a estos ‘jefes’ de nuestros políticos: rescate de bancos o leyes energéticas que agreden a los ciudadanos, leyes que ensombrecen la separación de poderes Justicia – Estado, impuestos y sanciones desproporcionadas (tráfico),  empleo de medios públicos para fines partidistas, y otras acciones que no añaden gloria a la clase política.


                Sé que alguno pensará que no todos los grupos se comportan de la misma forma y creemos que esas diferencias se deben a actitudes éticas, o ideologías más proclives a la defensa de los más desfavorecidos. Para una buena parte de los integrantes de esos partidos, y de los que los apoyan, eso es indiscutible. Pero esto, lo de las leyes injustas y tal, no depende de esta calidad ética auto asumida y proclamada por el partido, sino de los corruptos que las consiguen. En realidad, es solo una cuestión de posicionamiento electoral o dicho de otro modo, de la cantidad de apoyos que tienen o que se supone que van a conseguir.  Un partido muy posicionado hacia la izquierda o la derecha del espectro político no va a congregar suficiente poder (votos) y por tanto no es el objetivo de estos poderes mediáticos, financieros o industriales. 


Pero incluso estos grupos minoritarios tienen su carga antisocial representada en prestar apoyos anti culturales (utilización tendenciosa de hechos históricos), anti religiosos (o mejor dicho anti cristianos) o anti sistemas (ecologismo extremo, terrorismo ecológico, anti judíos [confundiendo judíos con sionistas], un gran espectro anti capitalista) a cambio de diversos apoyos financieros y propagandísticos. En estos partidos se incluyen una gran cantidad de movimientos de izquierda y otros de tipo autonómicos nacionalistas. Veamos algunos ejemplos.


COSAS EN EL PATIO TRASTERO.


Todos los años por el 12 de octubre tenemos la mascarada de los denunciantes de las atrocidades españolas en América. Y curiosamente dedican el mayor esfuerzo posible a imputar directamente a la Iglesia la mayor parte de la responsabilidad de estos hechos. Olvidan que el padre Las Casas fue el primero que defendió y consiguió un reconocimiento de los derechos indígenas evitando su esclavitud. Lo que hicieron portugueses, franceses, holandeses e ingleses superó de lejos nuestras fechorías, que por supuesto las hubo, pero no imputables directamente a la Iglesia: con el poder y la riqueza ya habían suficientes estímulos.

¿Qué sacan en limpio estos grupos con esas campañas? Un poco de dinero del payaso de Maduro, y cierta cantidad de petrodólares y vales de descuento para el Kebab del barrio. Nada, unas chucherías, pero en estos tiempos no parece tan chuchería estar dando este apoyo indirecto a tesis islamistas (del Islam, no directamente de la yihad). Para los islamistas la pérdida de poder de la Iglesia y su eliminación como aglutinante cultural es positivo. Así el hecho religioso como alternativa espiritual sería una exclusiva suya. Es curioso que estos grupos de izquierda solo vean ‘el opio del pueblo’ en la religión cristiana. La otra gran religión monoteísta, la islámica, parece no ser opio ¿quizás solo grifa?


Lo cierto es que estas cositas que en apariencia no tiene importancia aparecen cuando el tornillo de los acontecimientos se aprieta. Y así surgen dudas anti yihadistas, el no a la guerra, la culpa de todo surge de Occidente, seamos culturas hermanas, etc. Y estas actitudes candorosas me recuerdan otros despropósitos ya vividos en España durante la Guerra Civil. Anarquistas y sindicalistas vieron la oportunidad de hacer la Revolución mientras el resto de la Republica hacia la Guerra, con el resultado, inevitable e histórico, de perder la Revolución porque perdieron la Guerra. No deseo la guerra de ningún tipo pero mucho menos deseo, ni siquiera acepto, que me frían a tiros o a bombazos porque no quiero mirar a Oriente tres veces al día acompañado de todos los que me rodean.


Al que esté pensando que defiendo la cultura cristiana como un creyente le diré que lo hago, sí, pero sin ser creyente. Lo hago porque una religión que hace más de 800 años que aceptó e impulso la creación de Universidades y aceptó y se sumó al desarrollo científico, y dejó de alentar la Guerra Santa desde hace casi 500 años, y asumió la separación de poderes Iglesia – Estado, y que en estos tiempos por medio de sus instituciones ha hecho tanto bien social, merece la pena ser defendida y apoyada, porque la alternativa es otra religión que parece hallarse más cómoda cuanto más cerca de la Edad Media consiga colocarnos. No hemos luchado tanto por la libertad de pensamiento que es la única vía de crecimiento espiritual y científico como para ahora dejarnos llevar por estos peligrosos cantos de sirena. Apoyo laico a una religión que ponga un muro a otra que no puede aceptar algo tan esencial y humano como la libertad de las mujeres. Con estas cosas no se juega. Y hacerlo es claramente anti social.


No defiendo ni justifico de ningún modo hechos perversos como la pederastia pero no pueden condenar globalmente a la Iglesia aquellos mismos que niegan, con razón, que todo su partido este corrupto porque haya algunos corruptos entre ellos.


En cualquier caso los partidos grandes tampoco se mueven cómodos en este entorno, unos porque temen verse demasiado señalados (PP) y otros por el sostenimiento de apolilladas tesis del siglo XIX (PSOE), y deberían dejarse ya de mamonadas y saber que esta lucha contra el yihadismo y todas las formas de terrorismo social no se puede ganar solo con la fuerza de las armas sino, y solo sino, con las ideas claras y cohesión social en torno a esas ideas. Ellos también dicen esto pero sus conductas son siempre evasivas, sinuosas, a fin de cuentas no saben hacerlo de otro modo. Pues que aprendan. Para mi es anti social.


La otra parte de Cosas en el Patio está dedicada a los Nacionalistas.


EL PATIO DE ‘MI’ CASA.


                Los nacionalismos. Ellos han sido el instrumento más utilizado por los políticos para traicionar a la sociedad que confía en los más básicos fundamentos de la democracia: la mitad más uno o el 50%+1 y un gobierno que gobierne para la mayoría de la sociedad. Esta es la base de nuestra democracia y ha sido rota sistemáticamente en casi todas las ocasiones, excepto cuando hemos dado mayorías, cuando muchos, por la causa que sea hemos dado el poder con nombres y apellidos. Naturalmente, conseguir que pequeños partidos lleguen a poseer una gran influencia sobre la mayoría solo puede darse mediante otra artimaña: la ley D’hont. Un sistema de reparto de escaños que premia en exceso a los grupos más votados en una zona del territorio, no en todo el territorio. Autonomías. Gobiernos regionales. Así asistimos durante años a una presencia constante y muy relevante de políticos catalanes y vascos en el Parlamento Nacional, con mayor número de escaños, basados en centenares de miles de votos, que partidos como Izquierda Unida con millones de votos en todo el territorio. Una estafa sin disculpa. Naturalmente no fue casualidad.


Al principio, para estabilizar la democracia, era necesario crear rápidamente partidos destacados para asegurar la gobernabilidad en un país que había pasado más de 40 años sin experiencia democrática. Podemos entender esto como una situación temporal. Pero se ha quedado con nosotros desde 1977. ¿Por qué? Por los nacionalismos.


  Para detener los procesos de independencia a cambio de una representación desproporcionada a nivel nacional. Una representación que inclinaba sus votos al mejor postor como socio de gobierno. Y eso significaba, por supuesto, mayores recursos y concesiones para estas autonomías. Durante años y años. Y también propició la creación y mantenimiento de sistemas clientelares y el desarrollo de focos de corrupción, inevitables pero además acelerados por este enquistamiento en el poder. Eran bisagras muy caras. Y a pesar de estar bien engrasadas de dinero nunca dejaron de chirriar escandalosamente.

Pero llegó un momento en que ya no hubo café para todos, y aunque la estafa d’Hont seguía trabajando, no hubo suficiente dinero para contentar a los catalanes. Y todos vimos como Más se sumaba al independentismo como respuesta a la negación del Gobierno a aumentar las partidas presupuestarias para Cataluña. ¿Fue buena esta política? Traicionó dos principios básicos de la democracia y ayudó a una fragmentación social absurda en un momento histórico que reclama uniones a escalas continentales o mundiales y no pequeños taifas.


EL MERITO DE RESISTIR.


                Todavía podemos pensar que sí es importante el dar el voto a uno u otro en función de la credibilidad internacional, algo esencial en estos tiempos. Y no les falta nada de razón. Nuestras democracias capitalistas están hechas así, tienen como tarea fundamental soportar un modelo financiero, que incluye en su concepto barbaridades e injusticias que lo hacen odioso, con el que globalmente funcionamos. La cantidad de variables que aparentemente se tienen en cuenta para fijar el precio del dinero es, aparentemente, enorme. Pero en los últimos 20 o 30 años hay uno que pesa por encima de todo, sobre todo para los inversores. Nosotros le llamamos ‘CONFIANZA EN AGUANTAR’ o mucho más familiarmente ‘AGUANTAR EL TIRÓN’, ellos, tan semánticos ellos, tan grotescamente poéticos ellos, le llaman Resiliencia Social. En pocas palabras: la capacidad de una sociedad para aguantar la adversidad y tirar de nuevo hacia adelante. ( http://definicion.de/resiliencia/ )


                El ejemplo más adecuado hoy es el de la sociedad japonesa. Tras la durísima derrota en la Segunda Guerra mundial fue capaz de subir a segunda potencia económica del mundo en menos de 20 años y en los 90 inició un proceso de ralentización del crecimiento hasta entrar en deflación, situación que mantiene desde hace casi 20 años. A pesar de ello la confianza de los inversores en su sociedad es total.


                La sociedad española ha dado en este sentido un gran salto en su consideración como una sociedad madura y responsable de cara al mundo. Y esta es otra de las traiciones a la sociedad que ha hecho el PP. Sin ninguna vergüenza se atribuyen sus dirigentes la mayor parte del mérito de nuestro ‘relativo` éxito social frente a la crisis del 2008. Por eso se les llama, justamente, sinvergüenzas. Veamos cómo fue la cosa.


                La frase es ‘El PP es el único partido capaz de sacar de la crisis a España’. Por supuesto dan una idea de cómo lo lograran. El PSOE, que al igual que el PP, necesita ser un partido de centro, podría perfectamente aplicar las mismas medidas económicas, pero prefiere quedarse en su orilla, y poner paños calientes y también lo pregona. El cada vez mayor grupo de llamados ‘Indecisos’ va a decidirlo todo. 


LOS INDECISOS.


Llamados así por los cretinos que solo son capaces de entender un modelo bipartidista, en el que todo queda primorosamente encajado en unas cuantas verdades repartidas cuidadosamente entre los participantes: a ver yo que soy de izquierda me quedo con la Libertad, tu puedes quedarte el Orden; pues yo me quedo con la Ley, pues yo que soy de izquierda, me quedo con la Justicia. Y así en una estúpida simetría si dices estar interesado por la Libertad, no puede estarlo a la vez por el Orden, pues esa opción le ha tocado al rival de enfrente


Pero los Indecisos son personas increíbles: pueden asumir ideas y comportamientos por mera coherencia, pueden tener su propia visión del mundo, pueden no casarse con ninguna idea preconcebida y pueden dar su voto al que le sale de sus cojones. Los indecisos son la verdadera patada en el culo del bipartidismo. Es más, son el mejor recurso para una sociedad que quiere su sitio, la gente más avanzada que la sociedad tiene. No son Indecisos: son los que DECIDEN. Y eso hicieron: sabían perfectamente que Rajoy iba a hacer lo que decía. Y no votaron al PP por afinidad, tan solo por oportunidad. 


Son los que creen a pies juntillas en ese gran refrán español: ‘Lo mejor es enemigo de lo bueno’. No tengo que esperar a lo perfecto si ya tengo algo bueno. Pueden pensar y actuar resolviendo una dificultad tras otra, con los medios que se tengan a mano y sin angustiarse por lo que hizo su antepasado hace 500 años y preferir una central nuclear con sus residuos para los próximos 10000 años, y a la vez luchar por no vivir hoy en un baño recocido de hollín atmosférico. Se inclinan más por la sociedad que por sus políticos y políticas


Y eso es lo más importante de su acción: no votan necesariamente a favor de un partido (que lo pueden hacer) sino sobre todo en CONTRA de otro. Fortalecen a la sociedad derribando al grupo que está en el poder y esta es la base del poder social del voto: ya que no podemos conseguir que el poder haga nuestra voluntad podemos derribar al que lo ostenta. No pueden dormirse. No tienen tiempo para acumular corrupción. Han de adaptarse a los tiempos y contar con nosotros porque podemos derribarlos. Ellos han utilizado el miedo como el vehículo básico de comunicación. No la solidaridad, la inteligencia, el amor. Que va. Solo miedo e incertidumbre. Ayer la deuda, el rescate, los catalanes.. hoy el terrorismo. Que no se duerman, que teman perder el sitio y que hagan lo posible para un agradecido aplauso. Hoy hay más indecisos que nunca. Magnifico. Creo que me voy a hacer Indeciso por una larga temporada.


EL VOTO SOCIAL


                Que votamos? La mayor parte de una sociedad madura como la nuestra es políticamente hablando de centro. Así que lo más normal es que voten a un partido de centro. Pero en España un partido de centro no existe desde hace muchos años y los dos grandes partidos se acercan al centro pero con sus retaguardias bien sentadas en la cuneta. Siguen siendo PP, heredero de Fraga y Aznar, y PSOE, con González y Zapatero. No son de centro. Pero hay más. Un partido que vaya directamente al centro siempre será considerado como de derechas, lo que, aun careciendo de razones solidas que lo demuestren, esta asumido como una verdad vulgar.


                Aun así tiene algo muy a su favor: no tiene extremos que estiren el centro. Desde ese punto de vista son los más adecuados en todas las circunstancias, pero aún más en estas circunstancias en que precisamos mucha unidad para hacer frente a los desafíos de nuestra época. Y digo desafíos y no problemas porque no se resuelven en una sola dirección sino en tantas como seamos capaces de recorrer: cohesión social, inteligencia en la gestión de recursos, cohesión fiscal para para favorecer la estabilidad social, apertura a culturas que refuerzan y enriquecen nuestra sociedad y defensa de nuestra cultura porque eso somos nosotros.

                Evitar que el poder de un partido perdure demasiado en el tiempo es poner una barrera extra a la corrupción y al nepotismo en el partido. Para quitar el poder a un grupo no hay que votar al contrario. Basta votar al que está a su sombra. Eso hace más daño.    

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