B08 - II - Elecciones 2015 – Cara a cara – Política y sociedad




Entre el anterior trabajo y este ha habido dos debates entre candidatos, uno a cuatro y el de ayer (lunes 14/12/2015) un debate a dos, denominado cara a cara. En el primer artículo hablaba del verdadero valor del voto: derribar gobiernos, cuando sus traiciones a la sociedad nos ponen en peligro, porque por un lado demostramos el poder social (han de contar con nosotros sí o sí) y por otro evitamos los estancamientos que llevan a la desidia y a la corrupción. 

Y esto es lo que se ha visto en este último cara a cara: un agrio enfrentamiento entre los que pudieron hacer cosas y no las hicieron y los que no perdieron el tiempo en enriquecerse, ellos o sus amigos. En lo que ambos coincidieron fue en expoliarnos de una u otra forma. Y todo en un tono grotesco y singularmente rancio. De otro tiempo.

Otros tiempos, nuevo tiempo.

                Con independencia de que esto lo hayan destacado los expertos, que disponen de conocimiento para hacerlo, es también una percepción personal. Lo de ayer fue un montaje ya visto, solo los dos de siempre, y con una ambientación muy de consejo de dirección, muy de mi despachito que es el sitio en el que estoy haciendo mi trabajito de político, aislado de la vida real, con muchas cifras y nada de debate, tan solo enfrentamiento puntual. No se vio nada de cambios, nada de proyectos de consenso. Nada. Solo un ajuste personal de cuentas más. Y con un tono que despreciamos, corralero, equivocado, llegando al insulto personal.

                Habrá quien piense que era necesario, que la corrupción tenía que ser el factor principal al que agarrarse, para que no fluyeran votos al partido en el poder. Y otros que no contentos con cuatro años de destacar ‘lo que se encontraron’ aún seguían pensando que eran ‘los padres salvadores de la patria’. Creo que los que piensan así son los que yo llamo ‘el peso de la mochila’, ese relativamente pequeño grupo de incondicionales que hace que partidos que tienen la OBLIGACIÖN de gobernar para TODOS en su etapa en el gobierno se centren en objetivos minúsculos, sesgados y, con alarmante frecuencia, inadecuados porque su peso real en la sociedad es muy pequeño, tan pequeño como el grupo que ha logrado imponerlo. Estos partidos de siempre se han acostumbrado a trabajar solo para la parte más exaltada y, por ello, la menos social de su partido.

                Este debate a dos, este cara a cara, ha sido magnífico para todos los que estamos convencidos de que esta etapa se ha acabado. El ambiente del estudio, protector para los dos líderes (escenario reducido, sentados, con múltiples objetos a mano, etc.) no impidió los insultos y reproches. El presentador, que no hubiera desentonado en una entrevista al Generalísimo, también contribuyó a hacer más caduco el montaje con su tono episcopaliano, institucional. 

                Pero hubo algo más, que era externo a esto y puso la que parece una visión social diferente ¿quién era el ganador del debate?: en las redes sociales y, por menos margen, la propia encuesta de la cadena de televisión, dejaron claro que ninguno de los dos lo había sido. Y esto dice mucho más de lo que parece, pues siendo técnicamente Rajoy y Sánchez los que tienen a su alrededor la mayor parte de la sociedad (el porcentaje total de votos entre ambos era suficiente para darles el 85% del congreso: 53% y 32% respectivamente), este resultado, no de empate, sino de derrota por ambas partes, dejaba claro que no hay ahora tanta sociedad detrás de ellos. 
 
Hemos resistido.

            Creo que este pensamiento se ha hecho común para muchos de nosotros. Hemos resistido, sin llegar a la explosión global, a la violencia, a la crispación y la queja constante. Lo hemos hecho con lo que tenemos, justamente con lo mejor que tenemos: una capacidad de ayuda y de unión entre todos, que hoy llamamos solidaridad y que los que tenemos más de 55 años ya habíamos vivido en los 50, 60 y 70 del pasado siglo. 

La gente se ayudaba entre si de una forma que hoy parece metomentodo, fisgona, pero que para nosotros era normal. El reconocimiento de nuestro humilde modo de vida, incluso pobreza, nos unía socialmente de un modo y con una intensidad poco habitual ya en los años 90. Se estaba consolidando una nueva imagen de España en progreso, en modernidad, que dio paso a formas de relación más corteses y frías, incluso de mayor aislamiento respecto a los demás, con una asunción creciente de lo ‘políticamente correcto’, que generó aún más actitudes del tipo ‘laisses faire, laisses passer’ (deja hacer, deja pasar) y no solo nos animaron a no meternos donde no nos llaman sino a considerar que los problemas sociales eran algo privado. Esto, sobre todo, traería consecuencias negativas, pues privó a la sociedad en su conjunto del principal recurso de hermanamiento social: acercarse al que vemos en problemas.

(En los capítulos 3 y 5 de http://elfuturodelholograma.blogspot.com.es/2012/09/b04-el-plan-central-de-la-sociedad-libre.html se trata más ampliamente este tema)

   Esto ha ido cambiando desde 2010 hasta hoy. Las tensiones se agudizaron por el rápido crecimiento del paro, sobre todo entre los más jóvenes, y los desahucios. El 15 de mayo de 2011 surge oficiosamente un movimiento social conocido como 15M que puso sobre la mesa los principales problemas de grandes grupos de la población y que inició una serie de reivindicaciones que desembocaron en iniciativas que iban desde los grupos de apoyo a desahuciados a la elevación popular de partidos que recogieron gran parte de las aspiraciones de los movilizados. Comenzaba el principal desgaste del bipartidismo, al constatarse que este movimiento de indignados no se alineaba con ninguno de los partidos en el poder.

Muchas cosas se han escrito sobre el principio y fin de este movimiento. Yo destaco por encima de todo el hecho de ser la primera protesta puramente social (no fue encabezada por ninguno de los partidos principales del país) en los últimos 40 años que ha iniciado un cambio que promete ser de larga duración.

También ha mostrado públicamente la diferencia entre la radicalidad de un Anti Sistema y la enorme fuerza moral de un grupo de vecinos que apoya a un vecino para que no sea tirado a la calle. Hemos visto lo incómodos que se han sentido los policías encargados de hacer cumplir las órdenes de un juzgado, pertrechados de pies a cabeza con su traje y armamento anti disturbios ante personas mayores, o jóvenes, pero todos indefensos. Avergonzados a veces, con declaraciones exculpatorias e incluso con rebeldía a cumplir órdenes ante ciertos casos.

Personas que actúan contra personas y sienten vergüenza de tener que hacerlo. Todo esto erosiona la mala autoridad y la mala gestión y hace crecer, por fin, la unión social. Algo de ese viejo tiempo que citaba anteriormente ha reaparecido. Sabemos que nuestra pobreza, o nuestra necesidad, es la de muchos y no vale disimular sino pedir ayuda y ayudar.

El deseo de movernos y hacer algo nuevo.

                Y todo esto, está apareciendo. Los nuevos partidos no solo están atrayendo a una cantidad inesperada de ciudadanos (es el término que mejor identifico con las personas de nuestra sociedad), el enorme grupo de indecisos, sino que están promoviendo con esta acción que otros, más habituados al bipartito, se planteen que agregarse a la corriente no es tirar votos sino limpiar lo que lleva muchos años acumulando hastío y corrupción.
                
                Y comienzan a aparecer en política acciones poco vistas en nuestra democracia: negación de apoyo a corruptos, no actuar como bisagras, compromiso de cambio de la ley electoral y de la Constitución. Y sin sentimientos de inferioridad quieren hacer política con los medios que tienen, aunque sean minorías trabajan para cumplir con sus compromisos a los ciudadanos. Y todo esto, pero ante todo el no pactar como forma de aparecer o chantajear, les va creando una imagen diferente, más fresca (mejor que pura...) que refuerza el valor de lo nuevo frente a las dudas y la podredumbre de lo actual.

                No es nuevo que se hable de cambio, de ilusión, de posibilidad. En los casi 40 años que llevamos de democracia todos estos términos han sido empleados por uno y otro lado. Pero hay un factor que indica como ninguno que algo se mueve: la participación ciudadana y el interés renovado por la política. Esto se ha visto en las pasadas elecciones de este año (Europeas, Autonómicas y Municipales) en las que se ha estado por encima de la media y la gran audiencia en torno a los dos grandes debates. Es cierto que no han sido las más altas de la historia pero teniendo en cuenta que llevamos años con la percepción de que los políticos son uno de los peores problemas para la sociedad (comparables o superiores al paro y al terrorismo, nada menos) indica una fuerte tendencia a recuperar el contacto y seguimiento de lo que se hace en política. Y esto solo sucede cuando creemos que podemos cambiar las cosas.

                La Transición fue un buen ejemplo de acuerdo porque hubo generosidad y contención, por todas las partes implicadas. Se alcanzaron pactos de estado y pactos sociales que tuvieron influencias positivas en los años siguientes y consolidaron la democracia. Nadie se queja de eso, y la mayoría de los que vivimos e impulsamos esa etapa nos sentimos orgullosos de haberlo logrado. Pero había otras cosas que necesitaban renovación. El intento de Zapatero fue, desde mi punto de vista, demagógico y desafortunado, al hilo de la memoria histórica, viniendo a decir que quienes pactaron la Transición fueron poco menos que unos cobardes. Teniendo en cuenta que él, Zapatero, apenas se había movido en el mundo real, que se había criado y mantenido por el partido, este enfoque resultaba indignante para los que habían vivido aquella época, y muy insultante para los que habíamos sido pro demócratas activos.

                Aun así ciertas cuestiones como los problemas creados entre España y Cataluña, por la mala gestión de las relaciones entre el gobierno autónomo y el gobierno central, en parte por la llamada deriva nacionalista (el voto de catalanes que siempre se han sentido catalanes ha sido desviado hacia opciones políticas nacionalistas, todo bajo la batuta del histriónico y protector de corruptos Artur Mas) y en parte por la indolencia del presidente Rajoy. O como la necesidad de reformar la Ley Electoral, requieren modificaciones de la Constitución, lógicas y nada rupturistas. También nos hacemos conscientes de que el terrorismo solo se puede combatir contando con la sociedad, informándola de aquello que nos sirve en esta lucha y no tristemente asustándola,  dotándola de leyes y haciendo que estas se cumplan.

Es bueno que la democracia que se había dormido, anestesiada, desmayada, en estos años sea despertada y espabilada por personas que no conocieron los difíciles tiempos del franquismo y post franquismo, pero que están viviendo, como yo, la dureza de estos tiempos. 
             
La formación de nuevos partidos.

                Los nuevos partidos no han salido del post franquismo. No tienen tradición histórica que los avale pero tampoco traiciones que los condenen. Utilizan mucho las nuevas tecnologías y las redes sociales lo que les da una idea más cercana del llamado pulso social. Esta gran capacidad de comunicación es muy positiva pero puede conducir a la práctica de políticas muy tácticas y de poco alcance. En cualquier caso la visión que se obtiene es muy variada y eso es muy necesario para entender la complejidad como algo que nace de las relaciones y no como algo intrínsecamente incomprensible.  La desventaja es que la parte más senior de la sociedad no está ahí. Que se le va a hacer.

Tienen poco aparato de partido y eso en la situación actual se traduce como una ventaja: menos lastre, ineficiencia y corrupción. Lo que no encuentren entre sus afiliados lo tendrán que buscar en los independientes y eso, si se produce, será bueno porque la política debe abrirse allá donde haya conocimiento, integridad, profesionalidad, inteligencia, prestigio.

Los políticos deben partir desde una experiencia en el mundo real. Esta etapa de políticos criados para serlo ha resultado muy decepcionante para la mayoría de nosotros porque sus actitudes y propuestas resultaban alejadas de nuestras necesidades. 

Naturalmente será cuestión de tiempo que estos nuevos grupos se apoltronen, se desvíen, se corrompan. Habrá mucha presión, sobre todo exterior, en este sentido. Pero su juventud actual y el hecho de no estar alineados (las ideologías están POR FIN de capa caída) ayuda a una posición ética más comprometida. Nada mejor en estos momentos que volver a hallar jóvenes interesados en la política. Ojala no olviden que el objetivo de esta es servir a la sociedad, ayudar a la sociedad.

La confianza en nosotros.

Durante el cara a cara a Rajoy se le ‘escapó’ que ya habíamos vendido deuda, o bonos, con intereses negativos, y se sintió en el mejor club por haber podido hacer algo así. En efecto, recordamos que hace ya casi tres años Alemania vendía deuda con interés negativo y ahora lo hacemos nosotros, España. Pues que bien. Es la primera confesión oficial de la nueva crisis financiera: la deflación. En resumen, implica que el dinero no pierde valor sino que lo gana, así que si ahorro aumento mi dinero por la deflación, pero si me endeudo también aumenta la deuda, y apetece poco endeudarse. La inflación, para los especialistas en moneda, en dinero, es un elemento fundamental en la reducción real de la deuda y es por ello un estimulante del crédito y por tanto de la actividad en una economía capitalista, como la nuestra. 

No es para sentirse tan contento. Lo que está haciendo el BCE es un parche, la puesta en marcha y la extensión de sus planes de hacer barato el dinero no están teniendo éxito por una razón muy básica: el dinero solo produce dinero si se invierte en proyectos que generan empleo, sueldos, buenos productos y servicios y por ello se genera demanda, interés público en esos productos y servicios y por ultimo gasto del dinero propio. Aunque hay dinero disponible hoy (las ofertas de crédito de los bancos para empresas y personas han aumentado una barbaridad en el último año y medio) no tenemos ganas de endeudarnos y por ello la economía no está tirando tan fuerte como debería.

Y no lo hace por otra razón: la confianza global de la sociedad está socavada. No creemos en este sistema financiero, ni en los que nos han puesto en sus manos (si, si, no pedimos por encima de nuestras posibilidades, prestaron por encima de sus recursos), pero empezamos a creer en nosotros mismos pues somos conscientes de la respuesta que estamos dando, de las ganas que tenemos de oportunidades, de cómo soportamos las tensiones sin desmoronarnos,  de los medios y recursos humanos que tenemos y esto, más que las cifras de crecimiento es lo que convence a empresarios y emprendedores para invertir aquí, en España, en la sociedad española.

No hay que tener miedo a apartarse de los partidos que nos han traído hasta aquí, no somos extremistas y vamos a votar a los que refuercen nuestra unidad, más social que nacional. Porque no es la nación, ni el estado, ni mucho menos un gobierno corrupto el que atrae a los inversores sino nosotros, la sociedad española.

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