B02 - La Economía Posible (Parte I)
La
Economía posible
Introducción.
Cuando se habla de economía
alternativa, o de economía ecológica o sostenible, hallamos algo que me
recuerda al Plan de Riegos Almonte – Marismas (en palabras de German Rubio,
catedrático de Geografía en la Universidad de Sevilla en 1972): varios tomos, miles
de páginas y en las últimas 20 páginas del último tomo, se describía la posible
comercialización de los productos que salieran de allí.
Sobre la economía sostenible se nos
habla de la necesidad de alcanzarla, de la oportunidad de hacerlo, de las
ventajas que hallaríamos y poco o nada acerca de cómo transitar de aquí y
ahora, hasta allí y luego. Esto no juega precisamente en favor de la
credibilidad de esa economía ecológica. En este trabajo se proponen acciones
concretas o escenarios en los que este cambio es posible y compatible con la
necesidad actual y futura de crear empleo y disminuir el consumo innecesario.
Las áreas que voy a considerar son
las requeridas para alcanzar la máxima autonomía personal en el abastecimiento
energético, alimentario, educativo, de servicios médicos y de vivienda.
¿Por qué estas áreas?
Si en vez de dar por supuesto que
nos tenemos que someter a una forma de vida y de economía, que nos presentan
como una especie de pareja irrompible e inevitable, tuviéramos la posibilidad
de decidir nosotros mismos como queremos vivir, probablemente obtendríamos
tantas respuestas diferentes como personas opinando acerca de esto. Pero si nos
quedáramos como mínimo en lo necesario para vivir diríamos que nos gustaría
tener una vivienda, disponer de
alimentos y agua, de medios energéticos y de comunicación, de una educación
adecuada para la sociedad en que vivimos y trabajamos y por ultimo de unos
servicios sanitarios accesibles y fiables. Si podemos disponer de todo esto
podemos vivir dignamente. Justamente lo que recogen la mayoría de las
Constituciones occidentales, pero que no todos alcanzamos y lo que es peor, que
nadie garantiza.
Si nuestra economía se orientara a
que esto fuera una realidad, y no una mera posibilidad Constitucional, todo
seria muy diferente. Porque, qué casualidad, las personas que dispusieran de
vivienda, de energía y de alimentos autoproducidos, de asistencia sanitaria, de
medios educativos y de comunicación, estarían tan cerca de ser individuos
libres (*) como nunca se ha alcanzado en la historia humana. Podríamos dedicar
parte de nuestra vida al sostenimiento del sistema social pero no estaríamos obligados a interaccionar con
el Mercado de la forma tan agresiva en que lo estamos ahora.
(*) El sentido correcto es independientes.
(*) El sentido correcto es independientes.
¿Sociedades Libres?
Nuestras sociedades se llaman pomposamente Sociedades Libres, raro
engendro en el que el grupo es libre pero los componentes no. ¿Es creíble
la Sociedad Libre formada por individuos sometidos a todo tipo de
restricciones, coacciones, imposiciones y presiones? ¿Es una persona libre cuando
el Mercado comienza a los pies de su cama? ¿Es libre una sociedad que debe
seguir las pautas que marcan los Mercados? Yo tengo claro que no. Por eso la
autonomía personal es la base de la sociedad libre, creativa y dueña de su
futuro (Ver 'B03 Libertad y pensamiento libre'). No voy a rechazar de plano muchos buenos aspectos de nuestra sociedad,
pero no dejo de ver que planteada tal cual es un sucedáneo, un producto
manierista en el que la forma, y no los contenidos, tiene el completo
protagonismo.
La extensión del poder financiero en
los últimos años basado en la llamada Globalización ha puesto de manifiesto que
no solo este poder es fuertemente antisocial sino desestabilizador al proponer
como única forma de guía y organización socio-económica el entramado de fuerzas
e intereses conocido como ‘Mercados’. La base ético-ideológica de este ente es
una mezcla confusa e interesada de principios ecológicos (adaptación de los
capaces, supervivencia de los adaptables), económicos (libre circulación de
capitales,...), y sociopolíticos (no es el poder de un país sino el de un
principio global).
Los
siglos XVIII y XIX nos aportaron los llamados derechos humanos. Sí, hay que
reconocer que la Libertad de expresión, de reunión y de manifestación son
derechos humanos. Como lo son la Justicia, la educación, la paz, etc. y que el
mero hecho de reconocer su existencia, legislar para protegerlos y propagarlos
(al menos como valores en los diversos discursos) ha servido para mejorar la
vida de millones de personas. Pero tienen todos un pequeño defecto, son Espirituales
y solo espirituales. En el reparto
actual los derechos Materiales son básicamente cosa de los Mercados y los
Espirituales de los ciudadanos. Queda bonito, con fronteras bien definidas,
pero usando uno de los derechos humanos, queda Injusto. Muy asimétrico. Hay millones de personas que viven muy
miserablemente y están colmadas de derechos humanos. Digno, pero humanamente
hablando es un sarcasmo, una estafa, un asco.
Hay que alcanzar un balance
diferente. A los Mercados no se les hace frente solo con derechos espirituales.
Tenemos que tener medios mucho más ‘tangibles’ para que surja el equilibrio
necesario. No estoy en contra de una economía en al que existen medios
productivos privados, finanzas, consumidores y mercados. Estoy solo en contra
de una economía que esclaviza a la sociedad mediante el control de los medios
financieros, de los medios materiales y energéticos y sobre todo del control
estatal.
Este siglo XXI debe ser el Siglo de los Derechos Humanos Materiales
para que surja una Sociedad Libre por primera vez en la Historia. Y eso no
es el Fin de Historia sino un necesario comienzo.
Áreas Económicas a
desarrollar
Comenzaremos por la energética.
Sobre la Globalización tenemos
múltiples visiones: oficinas en rascacielos exóticos, niños explotados,
inversores asiáticos en África... y todos los tópicos y debates más o menos
consensuados al respecto. Pero hay algo que siempre es común en esta
interrelación: la distancia entre las partes. Y hay cifras que cuesta creer
relativas a este hecho.
En 2008 la distancia media entre una
vaca y el lugar de procedencia de su pienso estaba en torno a los 1000 kmts. Y
si esto resulta increíble aún más lo es el dato para el hierro (lugar de
consumo USA): más de 3000 kmts del origen al consumo. Tampoco en la energía
mejoran las cosas, es posiblemente el producto en el que la distancia media
entre el proveedor y el consumidor llega al máximo posible. A esta desgraciada
estadística hay que sumar la bajísima eficiencia global del proceso de
generación de electricidad: el valor neto aprovechable entre la energía que
entra y la que nos llega para consumo es (en el mejor de los casos) inferior al
12%.
La carga de coste ambiental que esto
supone es enorme, y también lo es en términos de ineficiencia y derroche. En el
precio de los combustibles, según nos cuentan últimamente, es el factor de
mayor más influencia.
Todo esto nos dice que la distancia
entre el punto de producción y consumo es un parámetro de gran importancia en
la eficiencia, aunque no necesariamente se refleje en los costes de una forma
tan acusada. Pero esto no es más que una confirmación de lo absurdo que resulta
mezclar costes de diversa procedencia y tratarlos como si formaran parte de un
todo. Así se explica la constante migración de empresas en busca de la mano de
obra más barata, pues a este nivel de reduccionismo ha descendido la economía:
el beneficio es EXCLUSIVAMENTE la diferencia entre coste y valor final. Y la
Economía se ha reducido al beneficio. No importa que la cadena de distribución
sea absurdamente larga, ni que los costes ambientales no estén contemplados, ni
que los costes sociales se ignoren, ni que el agravio diferencial en
productividad que surge del diferente coste de la mano de obra (no de un factor
de productividad añadido) se ignore.
La globalización (básicamente la
capacidad para migrar capitales con
facilidad y la permisividad jurídica) ha permitido que la reducción del
coste se haya basado en esta serie de manifiestas injusticias y desigualdades,
en una competencia desleal y no en la necesaria eficiencia y redistribución
social de la riqueza. ¿Alguna forma de compensar la diferencia en costes?
Veamos este ejemplo que supone un comprador en un país desarrollado del área
europea y un producto fabricado en
China. El diferencial principal es el coste de mano de obra, y en cierto
sentido los financieros. ¿Cómo compensamos esta diferencia en el precio final
del producto? Hubiera bastado con
impuestos (fijados por el país europeo) que pagados por el consumidor revirtieran
directamente en la Caja de Seguridad Social y Pensiones de los países de origen
de la producción, con lo que hubieran igualado o reducido las ventajas en
precio y se estaría mejorando la vida de los productores sin incrementar la inflación
en su país de origen. De no ser posible un acuerdo de este tipo el valor de
este impuesto se ingresaría en un fondo paneuropeo destinado fundamentalmente a
la financiación de iniciativas Innovadoras o a Fondos de Redistribución Social
(en las diversas formas que puedan estructurarse).
De esta manera la sociedad
que ya está invirtiendo en mejoras de eficiencia puede competir con la que aún
no ha alcanzado lo mínimo para crear una economía que se base en la productividad
y no en el mero coste laboral.
Europa debería estar liderando un
proyecto social, político y económico modélico para cualquier parte del mundo
en vez de comportarse como un grupo de puritanos acongojados. Es por esto que
nos hallamos en tan mala auto apreciación. No se ha hecho la difusión necesaria
entre la sociedad para que sea esta la que tire del proyecto. Aunque estoy
eludiendo, para tratarla en otro artículo, la responsabilización de los
políticos en este descalabro, no queda más remedio que apuntarla.
De esto se deducen las
características de la producción y consumo de energía que necesitamos:
-
Cercanía
entre producción y consumo,
-
Con
posibilidad de ser energía acumulable si hay exceso de producción
-
Creadora
de Combustible de propósito múltiple y contaminación cero.
El tipo de combustible: hidrógeno
Y los diversos componentes que se
precisan:
- Generadores
alternativos de energía eléctrica (eólicos, solares, termosolares) y de tamaño
reducido
- Generadores
de hidrogeno enlazados a estos productores alternativos.
- Almacenadores
estandarizados de hidrógeno, en versiones unipersonales y de comunidades y para
ubicaciones estáticas o en vehículos.
- Sistemas
de carga de hidrógeno en depósitos de célula de combustible
Así como las empresas y especialistas
necesarios para esta producción, implantación, formación y mantenimiento:
- Fabricantes
de generadores de electricidad en todas las categorías y con diversas potencias
y precios
- Fabricantes de generadores / acumuladores / distribuidores de hidrógeno
- Fabricantes de generadores / acumuladores / distribuidores de hidrógeno
- Fabricantes
de células de combustible
- Fabricantes
de componentes básicos de generadores y células: polvos nanométricos,
aleaciones, elementos de control, etc...
- Empresas
de I+D en estas tecnologías
- Empresas
de instalación, implantación y mantenimiento de todas estas tecnologías.
Además de los adecuados contactos
entre Institutos, Colegios, Universidades, Centros de Investigación, etc. y
empresas para mantener el nivel de evolución e innovación que estas áreas van a
mantener en los próximos años.
Con una instalación tipo en una
comunidad se obtiene el hidrógeno necesario para generación de energía
eléctrica de consumo en hogar y todo o parte del necesario para vehículos
dotados de célula de combustible o eléctricos
con acumulador. Los depósitos pueden ceder exceso de producción o recibir
hidrógeno exterior en caso de déficits de producción
La disponibilidad de estas
tecnologías es inmediata y la Innovación va a ser muy alta en estas áreas por
la integración de técnicas que provienen de otras áreas como la nanotecnología.
Para animar al consumo se pueden prever subvenciones al consumidor por un
periodo ajustado a la renovación de equipos (15 – 20 años) en forma de
descuentos de compra o en forma de exención de impuestos o de otras formas que
pueden incluir la posible venta de excedentes energéticos (mejor en forma de
hidrogeno que de electricidad). Estas subvenciones serán decrecientes a medida
que sube el nivel de eficiencia de los equipos de generación de electricidad y
el de las células de combustible para equiparar los esfuerzos de los primeros
compradores con los siguientes.
La clientela potencial es de miles
de millones de consumidores, básicamente todos los habitantes del planeta. Así
que por mercado no va a ser...
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