B03 - Libertad y pensamiento libre (Parte I)


La libertad.

         Definición.

La libertad es una de las bases de nuestra concepción de la vida. Nos rodea en múltiples formas: como un  derecho de la humanidad, como base del sistema democrático, como eslogan de múltiples marcas y campañas, como justificación, como reivindicación y las mas de las veces, en la clásica formulación occidental, como un límite.

A pesar de esta omnipresencia se hace difícil para una gran mayoría de las personas el poder dar una definición afirmativa, o positiva, de la libertad. De una forma que considero estreñida y patética la libertad se define de forma general como una restricción o un límite: ‘mi libertad termina donde comienza la de los demás’. En esta definición de un derecho a la baja se perciben confusiones y contradicciones, tanto en la forma esotérica en la que se expresa, como en lo chocante que resulta definir una capacidad de acción, teóricamente la máxima capacidad de acción, como aquello que queda dentro de la barrera.

Ámbito y percepción.

El esoterismo (en la definición) al que me refiero implica que la libertad no es un bien transportable tal cual sino que requiere ser negociado con los que nos rodean, puesto que los limites son difusos. Os voy a dar una visión gráfica del asunto: la libertad es un airbag que se inflama de forma automática en cuanto tengo una persona a mi alcance o, en otro sentido, en cuanto tengo una señal o advertencia de prohibición en mis cercanías. En esta tesitura situados en una superficie de n kilómetros cuadrados en las que no hay humanos a la vista, ni tampoco carteles o señales restrictivas, mi libertad, mi airbag, permanece en su estuche. O sea no estoy expresando mi libertad. En cuanto la humanidad me rodee puedo, de nuevo, volver a disfrutar de esa suprema sensación de estar rodeado de personas, rodeados cada uno de nosotros de su correspondiente barrerita discreta y de buen tono. Nos han tomado el pelo: este jardín mini-baby de las libertades tiene tan poca credibilidad como la guardería ‘El pederasta ansioso’.

Donde aparece la libertad.

El intento de este ensayo es la localización de la libertad en el proceso de decisión y acción y las implicaciones personales y sociales que esto conlleva. No considera la libertad como un medio, ni como un fin, no esta sujeta al momento ni al objeto. En este sentido sigo el ejemplo de Russell en ‘Sociedad humana: Ética y Política’: busco la racionalización de conceptos y los preservo de los diversos usos que de ellos se hacen, usos que están sometidos a la influencia genética y cultural, y mediados por esta influencia tales conceptos ya no corresponden a entes que cumplan una función estructural sino puramente condicional. Busco la libertad como un elemento esencial en el proceso de decisión que precede a la acción. Actuando de esta manera la libero de las múltiples contaminaciones que la adornan y que la hacen aparecer en el punto que el autor necesita para reforzar sus ideas (aunque probablemente yo este haciendo lo mismo...)
         
El proceso en el que nace

La Voluntad se reconoce como  expresión del deseo o control del deseo. Es interna, no aparece como consecuencia de un proceso racional formal. Aparece como una manifestación del espíritu y es la parte fundamental de la acción.

Por tanto también Voluntad es capacidad de actuar, pero entre la capacidad de hacer y el hecho está la decisión de hacer o de renunciar. La decisión de hacer se entiende habitualmente como Libertad de acción. Pero la renuncia a la acción no es perdida de libertad sino dominio de la voluntad. La libertad se entiende que va aparejada a la acción y no a la renuncia de acción. La libertad, aparentemente,  solo se manifiesta en la acción.

Acción es voluntad unida a la decisión: la decisión es un proceso mental que se halla sometido al dominio de la inteligencia. Para la definición de la inteligencia sigo el mismo criterio de centrarme en las características esenciales y no en sus modos o formas de manifestación (psicológica, biológica, emocional, etc...): básicamente escoger entre posibilidades (de inteligere), la inteligencia permite seleccionar o crear las mejores opciones para solucionar una cuestión o un problema. La inteligencia, en todas sus formas, abarca la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla en forma adecuada.

En cualquier caso las opciones y los elementos que forman parte de estas opciones vienen proporcionados por el Conocimiento. Bajo la acción de la inteligencia aparecen opciones nuevas. Esta emergencia de posibilidades corresponde a una propiedad de los sistemas: el todo  es más que las partes, pues incorpora las relaciones.

En física se conocen como grados de libertad las distintas posibilidades de configuración y de comportamiento de un sistema. Estas posibles configuraciones dependen de los componentes y de la interacción entre ellos.

Entre la voluntad de hacer y la decisión de actuar media la elección.  La elección se realiza entre las posibilidades que nos aportan el conocimiento y la inteligencia. Los grados de libertad dependen del número de posibilidades disponibles y nuestra libertad nace en el ámbito de esas posibilidades. Aumenta o disminuye según sean estas y por tanto la libertad (posibilidad de elegir, SELECCIONAR) esta ligada a la inteligencia. Es la inteligencia la que aporta las diversas posibilidades que constituyen nuestro grado de libertad. La libertad no es pues un derecho (*) sino una natural manifestación del yo.

(*) Debe ser reconocida como un derecho (en realidad, como se comenta en el apartado ‘¿Dónde media la Ética?’ son varios derechos relacionados) , pero es mucho mas que eso, pues está implícita en la estructura cognitiva y conductual humana.


¿Es la inteligencia lo que nos hace libres?

Volvamos atrás ¿es la inteligencia una propiedad emergente del análisis del conocimiento o es el motor de dicho análisis? Es difícil definirlo ya que la inteligencia se aplica a la búsqueda de respuestas pero también, y de forma aún mas importante, a la creación de preguntas. Con frecuencia hallaremos la mejor respuesta porque fuimos capaces de hacer la mejor pregunta.

Sea de forma inductiva, presentar una solución y ver si es la respuesta, o de forma deductiva, elegir la mejor respuesta de entre varias posibles, la inteligencia es la que está tras la decisión (que no la acción) y por tanto el nivel de libertad (las respuestas que tengo) proviene de ahí y no de la voluntad: convertir en acción una de las respuestas o evitarlas todas.

La inteligencia es el proceso fundamental pues el objetivo no es solo obtener una respuesta sino el asegurar que todas las respuestas han sido atisbadas. La libertad crece con el mayor numero de respuestas y, con frecuencia, algunas de estas respuestas no existían implícitas en la pregunta original. En cierto sentido esta es la verdadera esencia de la libertad: proponer acciones ‘de novo’. No solo las previsibles sino las emergentes. Así, también, la libertad se convierte en un bien social pues aumenta las interacciones y lazos entre los individuos y el medio ambiente y crea el clima adecuado a la aparición de mejoras constantes. La sociedad del Conocimiento se fundamenta en el pensamiento creativo libre. La libertad aporta a la sociedad soluciones a conflictos, visiones nuevas a problemas nuevos y viejos.

Sobre las certezas del conocimiento hay una serie de axiomas, teoremas, proposiciones y enunciados, aparecidos todos ellos (1920-1950) en una de las épocas más prodigiosas de desarrollo de la modernidad, entendida como nueva visión de las leyes del entorno y de nuestra propia perspectiva. Son los de

Relatividad de Einstein,
Incertidumbre de Heisenberg,
Incompletitud de Goddel e
Indecibilidad de Turing.

En ellos se expresan no solo nuevas visiones del universo y sus leyes físicas sino límites o inconsistencias en la lógica formal, o en las capacidades de desarrollo de la mente humana. Ya Bertrand Russell había avanzado muchas ideas rupturistas acerca de métodos y lógica, siendo él mismo un ejemplo ‘raro’ de unión interdisciplinar entre la Matemática y la Filosofía pura. A su eclecticismo hay que añadir una joya en su apoyo a las cualidades mas genuinamente humanas al afirmar, rememorando a Hume, que ’La razón debía estar subordinada a consideraciones éticas’

¿Donde media la Ética?

En la decisión de actuar o no. La ética actúa como una limitadora de las posibilidades de acción. La ética influye en la voluntad, no en el pensamiento. Libertad y ética no solo no son incompatibles sino que constituyen categorías independientes.

El que existan obligaciones, o limitaciones no coarta el pensamiento, pero actúan en contra de la libertad en la medida en que pueden obstaculizar el conocimiento (rechazo a determinadas líneas de pensamiento, prohibiciones expresas de exhibición o intercambio de información, etc..). A la vez estas limitaciones pueden haber sido creadas y asumidas dentro de un sistema cultural del que se alimenta nuestra ética. No se entienda que esto es una justificación de las tiranías, dictaduras o diversas formas de poder egoísta, tan solo indicar que la estructura social en la que múltiples individuos se agregan incluye limitaciones que son parte asumida de la cultura y, como derivada de esta, de la ética (*)

Es difícil asumirlo pero los llamados valores universales éticos son muy pocos y aun esos son discutibles. Una enumeración, y aceptación como tales, de las principales necesidades de los humanos (Alimentación, vestimenta, cobijo, relación – reproducción) nos acerca mucho mas a ese principio universal ético que las diversas y originales definiciones que la historia nos ha ofrecido. La ética es la verdadera reguladora de las relaciones, que subyace invisible pero cierta detrás de nuestro comportamiento de una forma mas importante que las leyes y normas. Del mismo modo que en un contrato no son sus condiciones ni las posibles penalizaciones su valor principal, sino la voluntad de los firmantes por cumplirlo.

(*) Muchas de estas tienen  carácter organizativo (leyes, normas, señalización obligatoria, etc.) y aunque no atentan específicamente contra la libertad si son consideradas en el lenguaje y sentir de la calle como barreras a la libertad y ajenas a la ética. La libertad, como concepto, no puede ser reprimido en su totalidad, pero si puede limitarse por la negación (genérica) de los derechos de expresión, reunión, manifestación, etc., practicado por numerosos regímenes políticos, religiosos y otros. La determinación por consenso social de lo que no es pertinente manifestar, exhibir, etc. está obviamente lejos de ser alcanzado y posiblemente solo se halle una convergencia de criterios en este sentido cuando la práctica del pensamiento libre se dé en un gran volumen de la población. 

Libertad y conocimiento.

Hay una relación fuerte entre libertad y conocimiento. El sentido, y a veces el objetivo,  del conocimiento es la comprensión de la realidad.

Algunos llaman Verdad al conocimiento completo de la realidad lo que implica el conocimiento del Yo y de su destino (no entendido como fatum o hado, sino como sentido de la vida).

En un entorno místico - religioso la Verdad es una revelación inspirada en una fuerza o entidad superior que tranquiliza al espíritu y le proporciona un sentido de transcendencia incluso ajeno a cualquier otro sentido de la vida (vida del espíritu).

En un contexto mental – espiritual la verdad es mas un objetivo que un estado, pues las limitaciones conocidas de nuestro cerebro (aun no muy  conocido...) parecen concluir que el estado de conocimiento preciso del Yo y del entorno es improbable que sea alcanzado.

A pesar de que estas definiciones parecen crear barreras excluyentes es frecuente que en mentes abiertas convivan algunos de estos estados superpuestos, lo que de ningún modo desgracia la calidad mental de estas personas, dado que en los extremos de las teorías científicas el retorcimiento mental necesario para asumir sus proposiciones es prácticamente idéntico al de las Teogonías siendo estas últimas de mayor belleza estética y cultural (una de las razones por las que atraen al espíritu con mayor facilidad). Sé que esto es discutible, pero la relación entre Ciencia y Religión me parece completamente natural: por medios científicos no se demuestra, pero tampoco se puede negar, la existencia de un dios. Es un problema de metodología, el método científico hoy por hoy no puede aplicarse a entidades divinas así que lo que se diga o se niegue carece de método científico y por tanto no es ciencia.  Del mismo modo la Teología y su aparato lógico tampoco van a aportar nada al conocimiento de la Genómica o Proteómica.

El cerebro gusta de la coherencia y la coherencia parece más alcanzable cuando pocos elementos forman parte de una historia. Por eso es posible que no nos guste alterar nuestros circuitos de análisis introduciendo más variables. Preferimos adecuarnos a situaciones repetidas y por ende fáciles de controlar. Pero ello comporta el riesgo de cerrar nuestra mente a nuevos planteamientos y en consecuencia a ser menos libres, por disponer de menos opciones de enfoque y de comportamiento.

Situarnos en extremos, habituar nuestra mente a tales situaciones, nos hace mas libres y por ello mismo aceptamos un mayor grado de libertad en los demás. La libertad aportada por el conocimiento crea un entorno social menos propenso al disparo de nuestras barreras y esta es una situación idónea para la libertad.

La condición básica para una sociedad libre es una población de individuos libres en los que no existe temor a la compartición del conocimiento y que entienden que la libertad de los otros es esencial para nuestro desarrollo personal. Es decir, que el individuo libre necesita vitalmente un entorno libre proporcionado por una sociedad que hace de su propio desarrollo el centro de su actividad. Una sociedad libre que se ocupa fundamentalmente de su propio desarrollo.

El plan central de la sociedad libre.

Decir que una sociedad debe ocuparse de su propio desarrollo parece una perogrullada ¿acaso no es eso lo que hace? Posiblemente no o en todo caso de ninguna manera.

Es fácil el planteamiento. Si el centro de la vida personal es el atender en primer lugar las necesidades materiales y en segundo lugar (o en el uno prima) las espirituales/mentales (‘Primum manducare, deinde filosofare’ Primero comer, después filosofar) el centro de una sociedad formada por tales individuos debe ser paralelo: primero asegurar las necesidades materiales de sus componentes y en segundo lugar las demás. No son difíciles de enumerar las primeras: Alimento, energía, vivienda, educación, salud y comunicaciones.

Es muy probable que así sea en una cierta medida, que esos enumerados están en los propósitos de la sociedad, pero también es cierto que se dedican demasiados recursos y con poca eficiencia a las demás ‘necesidades’. Lo superfluo ocupa una parte excesiva no solo de los recursos sino lo que es peor de las aspiraciones personales. Hay que reconocer el triunfo de los ‘vendedores’ ante los ‘pensadores’. Con los medios materiales adecuados y con todo el arsenal del conocimiento psicológico empleado de mala manera no ha sido difícil colocar a una parte muy significativa de la sociedad en una disposición ‘consumista’ desaforada. Lo superfluo se ha convertido en deseo y lo necesario se ha obviado hasta límites vitales poco aceptables, siendo destacable entre estas ultimas la drogadicción, la pésima alimentación, el alto ritmo de vida, el debate entendido como combate a degüello, la veneración tecnológica, etc...

La mayor parte de las justificaciones a este estado de cosas proviene del conocido ‘aprovechamiento de oportunidades’, iniciativas que por crear empleo y riqueza (teórica, aunque muy medible en términos financieros o sea dinero) son bien vistas o al menos aceptadas: desde fábricas de armas a emporios de la pamplina.

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